Etapa 10: Ávila - Segovia.

  12 de Julio de 2025.

Etapa 10: Ávila - Segovia.

Distancia: 71 km.
Desnivel acumulado: 709 m.
Hora de Salida: 7:15 h.
Hora de Llegada: 5:30 h.
Tiempo empleado: 8 horas, (tiempo en Wikiloc).

Llegamos a Segovia, con el acueducto romano.

        A las 7:15 de la mañana inicio la etapa, realizando la fotografía de salida que marca el comienzo del recorrido, el trazado transcurre por caminos que he encontrado en la aplicación de Wikiloc ya que abandono el camino de Santiago del Sureste o del Levante, con llegada prevista en la ciudad de Segovia. La jornada consta de aproximadamente 72 kilómetros, con un desnivel positivo acumulado de 709 metros. Teniendo en cuenta la distancia total, se trata de un desnivel moderado. El punto de partida se sitúa a 1.100 metros de altitud, mientras que Segovia se encuentra en torno a los 960 metros, por lo que el perfil general de la etapa es ligeramente descendente y la altitud no supone un factor determinante en el desarrollo de la ruta.

Plaza del mercado Chico y Ayuntamiento, (Ávila).

        Salida desde la Plaza del Ayuntamiento o Plaza del Mercado Chico, recorriendo un pequeño tramo del casco antiguo para salir por la puerta de San Vicente. Sigo las indicaciones del GPS y abandonamos la ciudad por la parte alta tras superar unas primeras pendientes. Poco después dejamos atrás las calles y nos adentramos en caminos de tierra.

Saliendo de la muralla de Ávila.

        El cielo está totalmente despejado y el sol ya se encuentra en el firmamento, con su característico color anaranjado, aportando unas notas de luz cálida y confortable a la mañana. El camino discurre sin apenas desnivel y se pasa primeramente por un par de portillas, utilizadas para evitar que el ganado se desplace entre municipios.

        El terreno en este tramo es el propio de la dehesa abulense: caminos de tierra compacta y polvo fino, flanqueados por pastizales secos y monte bajo, con encinas dispersas y matorral mediterráneo. El firme es generalmente bueno y rodador, aunque irregular en algunos puntos por la erosión y el paso del ganado, sin grandes dificultades técnicas. Se trata de un paisaje abierto, rural y tranquilo, muy característico del interior castellano, donde la actividad ganadera y cinegética marca claramente el entorno.

Camino a la salida de la ciudad, Cañada Real Soriana Occidental.

        El camino transcurre por la Cañada Real Soriana Occidental, la cual se encuentra asfaltada y habilitada, siendo ideal para la práctica del senderismo y el ciclismo. Ofrece un recorrido de unos 13 kilómetros desde Ávila hasta Urraca Miguel, pasando por Bernuy-Salinero, y destaca por su baja dificultad y por su carácter de vía pecuaria perfectamente señalizada, apta para realizarse durante todo el año y perfecta para disfrutar del entorno natural situado al este de la ciudad.

Cañada Real Soriana asfaltada y en paralelo el camino de tierra.


        De forma paralela, la cañada discurre también en forma de camino de tierra, habilitado para el tránsito ganadero y el uso recreativo. Durante este tramo del recorrido es habitual encontrar corredores y senderistas, que utilizan la vía para la práctica deportiva y el contacto con el entorno natural.

        Asimismo, se observa la presencia de ganado vacuno en régimen extensivo, pastando en las parcelas colindantes, lo que confirma el carácter ganadero y pecuario de la zona y la convivencia entre los distintos usos tradicionales y recreativos del espacio.

Ganado en las proximidades de la Cañada Real.

        En total recorro aproximadamente 6 kilómetros hasta alcanzar la población de Bernuy-Salinero. En este punto abandono el trazado de la Cañada Real y tomo una dirección diferente a la de la vía pecuaria. Tras varios kilómetros rodando sobre un firme regular y cómodo, el cambio de superficie resulta evidente, ya que me había adaptado plenamente a las buenas condiciones de rodadura que ofrece la cañada.

La población de Bernuy-Salinero, (Ávila).

        Ahora mi camino transcurre con encinas dispersas alrededor con amplios pastizales secos, continuo por una pista de tierra compactada, ancha y bien definida, con firme seco y rodador, pendiente suave y escasa dificultad técnica, lo que permite avanzar con comodidad mientras se disfruta de un entorno rural abierto, tranquilo y poco alterado.

Tierras de Castilla, encinas y pastizales dorados dominan el paisaje.

        Me dirijo hacia la siguiente localidad, se trata de Mediana de Voltoya, situada a cinco kilómetros de Bernuy, el camino que las une transcurre por un altiplano rodeado de monte bajo, encinas dispersas y campos de cultivo recién arados, probablemente preparados para sembrar cereal, en un continuo sube y baja por los cerros de la zona, cuyo desnivel no supone ninguna dificultad añadida a la ruta.

Inscripción preconstitucional en Mediana de Voltoya, (Ávila).



Paso del rio Ciervos en Mediana de Voltoya, (Ávila)

        El recorrido asciende por un cerro situado entre el río Ciervos y el arroyo Montoya, para enlazar, aproximadamente cuatro kilómetros más adelante, con la carretera N-110, una vía de escasa intensidad de tráfico debido a que la mayor parte de la circulación se desvía por la autovía paralela.

Carretera Nacional N-110 y la autovía AP-51 en paralelo.

    
        A unos 25 kilómetros de Ávila se encuentra Aldeavieja, una pequeña localidad, situada en la vertiente norte de la Sierra de Guadarrama, a aproximadamente 1.200 metros de altitud. Su entorno está dominado por pinares, praderas y afloramientos graníticos, y el núcleo urbano conserva una arquitectura tradicional serrana, con un marcado carácter rural ligado históricamente a la ganadería y al aprovechamiento forestal. 

Ayuntamiento de Aldeavieja, (Ávila).

        Saliendo de Aldeavieja, en lo alto de un cerro se localiza la ermita de San Cristóbal, que se deja a la izquierda mientras se continúa por un camino agrícola bien compactado. La pendiente favorable permite mantener una velocidad elevada hasta que, en un determinado punto, el trazado queda invadido por el cereal, que ha crecido sin control, probablemente debido a las copiosas lluvias registradas en toda la península durante la primavera. El camino se encuentra prácticamente perdido bajo una gruesa capa de forraje, pero siguiendo el track del GPS es posible orientarse correctamente y salir de este tramo complicado, enlazando de nuevo con la carretera que dejamos atrás al entrar en última población.

Camino queda borrado por la abundante vegetación.

        De nuevo en el asfalto durante un kilómetro, de esta manera pasamos de la provincia de Ávila a la de Segovia.

Cartel de cambio de provincia.

        Poco antes de llegar a Villacastín, abandono la carretera nacional para continuar por su antiguo trazado. A la derecha, junto a una nave agrícola, llaman la atención unas enormes rocas graníticas que conforman singulares formaciones rocosas.

        Estas formaciones, típicas del paisaje granítico de la zona, aportan un notable interés geomorfológico al entorno y rompen la uniformidad del paisaje agrícola circundante.

Formaciones graníticas cerca de Villacastín.

        Al aproximarme a la zona de Villacastín, el paisaje cambia de manera drástica. Me adentro en la Senda de la Fresneda, un entorno dominado por un espectacular “caos de bloques” graníticos. Estas formaciones, conocidas como berrocales, son el resultado de millones de años de erosión sobre el batolito de granito de la zona, dejando al descubierto enormes piedras redondeadas que parecen dispersadas al azar sobre los pastizales.

        Este tramo representa una lección de geología, junto a los paneles informativos comprendo que este granito grisáceo y resistente es el mismo que sirvió para construir los grandes monumentos de la región. Entre el susurro del viento y el crujir de la vegetación seca, la ruta continúa su descenso hacia Segovia, flanqueada por estos gigantes de piedra que vigilan el camino desde tiempos inmemoriales.

Plaza mayor de Villacastín, (Segovia).

            Son las diez de la mañana y he recorrido 32 Km. ya he recorrido casi la mitad de la ruta de hoy, me encuentro en la plaza de Villacastín, una localidad situada en la llanura norte de la Sierra de Guadarrama, con una historia ligada a su papel como punto de paso en rutas históricas entre Madrid y Castilla, su casco urbano tradicional con edificios de piedra y ladrillo combina con el entorno natural de tierras de cultivo y sus formaciones graníticas.

Camino rural entre Villacastín e Ituero y Lama, (Segovia).

        Salimos de Villacastín por la carretera pero enseguida la ruta se mete por un camino rural, apenas unos seis kilómetros y me encuentro en la siguiente localidad, se trata de Ituero y Lama, esta población está situada a unos 33 km de la capital  Segovia, ecuador de la etapa de hoy.

        El nombre procede de la unión de dos antiguos núcleos medievales, Ituero y Lama, repoblados durante la Edad Media, en un paisaje mayoritariamente llano a más de 1.000 m de altitud, y conserva un casco rural tradicional con elementos como la iglesia de Santiago Apóstol y restos de antiguos hornos de cal, reflejo de su pasado agrícola y ganadero.

Ituero y Lama, (Segovia).

       El tramo entre Ituero y Zarzuela del Monte muestra una pista de tierra bien definida, con el trazado claramente marcado y protegido por la sombra de la vegetación. A diferencia de los sectores de dehesa abierta, aquí aparecen árboles de mayor porte que flanquean el sendero, ofreciendo tramos de sombra intermitente, ideales para resguardarse del sol que ya golpea con fuerza. El terreno seco y compacto facilita un avance fluido, mientras el sonido de las ruedas sobre el camino se convierte en la música que acompaña este momento.

Tramo entre Ituero y Zarzuela del Monte (Segovia).

        De vuelta a los campos amarillo de cereal nos encontramos con una importante subida para pasar un cerro, no es de mucha longitud pero hay que hacer fuerza en el pedaleo, a cuatro kilómetros encontramos la siguiente localidad, se trata de Zarzuela del Monte.

Zarzuela del Monte, (Segovia).

       Zarzuela del Monte (Segovia) es un pequeño municipio situado al sur de la provincia, en la transición entre la meseta segoviana y las primeras estribaciones de la Sierra de Guadarrama. El entorno combina pastizales, cultivos y parches de bosque, ofreciendo un paisaje rural sereno y abierto. El núcleo urbano conserva la arquitectura tradicional de la zona, con construcciones de piedra y ladrillo, y caminos que conectan con los pueblos vecinos, manteniendo la sensación de territorio tranquilo y poco transitado, ideal para ciclistas y senderistas que buscan disfrutar de un entorno natural intacto.

        Al llegar a la localidad, me reciben unos cánticos provenientes de los quintos del pueblo. Aunque son más de las diez y media de la mañana, para estos jóvenes la noche se les ha hecho corta, y su entusiasmo llena el aire de alegría y tradición.

Otro camino que desaparece cerca de Zarzuela del Monte.

            A la salida de Zarzuela del Monte se presenta una pequeña subida, la cogí con tantas ganas que mo me di cuenta que no tenia que hacer y que hay que incorporarse a la carretera N‑110, ya conocida durante el día de hoy, sin embargo, el tramo por el que debo avanzar está nuevamente cubierto por vegetación, y solo siguiendo el track del GPS consigo volver al asfalto.

        Ahora me esperan seis kilómetros de carretera, bastante pesados debido al ascenso continuo, hasta llegar al punto en el que abandono el asfalto para retomar los caminos de tierra, aprovecho este momento para resguardarme del sol bajo una encina y alimentarme, recuperando fuerzas para continuar con el esfuerzo de la ruta.

Camino flanqueado por encinas dirección a Fuentemilanos, (Segovia).

        El camino por el que voy transitando en principio se presenta de tierra firme y bien definido, flanqueado con encinas  con follaje denso y verde oscuro que crea un pasillo natural, ofreciendo protección y sombra en varios tramos cuyas sombras se proyectan sobre el camino, el día está totalmente soleado.

El camino transcurre por pastizales amarillentos en esta época de año.

        Las encinas van desapareciendo a mi paso, primero de un lado del camino y luego del otro, hasta quedar cada vez más espaciadas y finalmente desaparecer por completo, dando paso de nuevo a los campos de pastizales amarillentos, característicos de esta época del año.

Campos amarillos, sol radiante, cielo azul y postes eléctricos.

        Un sol radiante baña la escena, generando sombras marcadas que resaltan las texturas del cereal seco, mientras el cielo azul profundo y limpio completa la composición. A la derecha, postes y cables eléctricos son el único indicio de civilización en un entorno que parece reclamado por el campo.

         Cuando llevo 55 km recorridos y restan algo más de veinte para Segovia, atravieso el pequeño pueblo de Fuentemilanos, son las 12:30 de la mañana, sus calles tranquilas reflejan el carácter rural de la zona de un lugar pequeño, rodeado de campos abiertos de pastizales y cultivos que me ofrecen un respiro antes de retomar los caminos hacia la capital, mientras el sol continúa bañando los campos con luz intensa, reforzando la sensación de un día estival perfecto para la ruta.

Cruce de la antigua N-110 en Fuentemilanos, (Segovia).

        A la salida de este pequeño núcleo urbano, se pasa por la ermita del Cristo del Consuelo, y aunque el paisaje es siempre el mismo se va viendo un poco más de variedad por la existencia de un arbolado disperso.

Salida de Fuentemilanos con la ermita dl Cristo.

        Ya va quedando menos para el final de la ruta, la siguiente población es Perogordo, que es la última localidad por la que pasaré que se sitúa a unos seis kilómetros al suroeste de la capital, su nombre proviene de Pedro, apodado “el Gordo”, repoblador de la zona en época medieval.

Perogordo, (Segovia) y señalización de la vía verde.

         Es aquí donde debo decidir cómo finalizar la ruta, con dos opciones posibles: continuar por caminos rurales que descienden hasta el Arroyo de Tejadilla para luego subir a la ciudad, o tomar la Vía Verde del Valle del Eresma, un recorrido de seis kilómetros con apenas desnivel. Finalmente decido optar por la vía verde, ya que su trazado facilita un avance más fácil y cómodo, permitiendo disfrutar plenamente de la naturaleza y del paisaje típico de la comarca, un cierre perfecto para la etapa.
      
Vía verde del valle del Eresma con la catedral de Segovia al fondo.

        El rodar se hace fácil y rápido por la vía verde, y a lo lejos se distingue la imponente catedral de Segovia, que, aunque todavía a cierta distancia, ya asoma en el horizonte. Esta vía verde atraviesa también el túnel de Perogordo, que cruza un pequeño cerro homónimo. Con sus aproximadamente 176 metros de longitud, el túnel forma parte del antiguo trazado ferroviario entre Segovia y Medina del Campo, ofreciendo un tramo sombreado y fresco en medio del recorrido.
        
Túnel de Perogordo en las proximidades de Segovia.

        Sobre las doce y media del mediodía, tras recorrer 72 km, hago la entrada por la calle del Acueducto, emblema de la ciudad. Segovia se presenta con su acueducto romano, el Alcázar y la catedral gótica, alzándose entre calles empedradas y plazas históricas, marcando así el final de la ruta y de este viaje por etapas que inicié en Cartagena el año pasado. En diez etapas he llegado hasta aquí, visitando ciudades históricas como Cartagena, Murcia, Albacete, Toledo, Ávila y, finalmente, Segovia, completando un recorrido que ha combinado esfuerzo físico, historia y paisajes inolvidables.


Mi primera fotografía con el acueducto de Segovia al fondo.

        Ahora sólo queda buscar alojamiento para dar por finalizado el viaje y disfrutar del resto del día en Segovia, ciudad que pone el punto final a esta ruta por etapas. Un recorrido que había previsto completar en un año, pero que, por diversos motivos, tuve que posponer hasta el presente, haciendo que la llegada a esta ciudad tenga aún más significado y satisfacción.

        
Otra imagen del Acueducto de Segovia.

        El alojamiento será el Hostal Don Jaime, que ofrece un trato excelente y atención inmejorable, cerrando con satisfacción esta etapa y poniendo el punto final a un año de planificación y aventura.










Etapa 9: Cadalso de los Vidrios - Ávila.

 12 de Julio de 2025.

Etapa 9: Cadalso de los Vidrios - Ávila.

Distancia: 65 km.
Desnivel acumulado: 1241 m.
Hora de Salida: 3:40 h.
Hora de Llegada: 11:20 h.
Tiempo empleado: 8 horas, (tiempo en Wikiloc).


Puerto de Arrebatacapas en San Bartolomé de Pinares (Ávila).

    Otro día y otra etapa, hoy para variar también madrugo, y es que en estas fechas hay que evitar las horas fuertes del sol, así que en plena noche comienzo la ruta de hoy.

 La primera parte de la etapa me la organizo tomando como referencia la primera población que me encontraré, se trata de Cebreros a una distancia de 25 Km. Dependiendo la hora de llegada a esta localidad tomare la decisión de tomar el camino De Santiago marcado como original o atacaré los puertos por asfalto.

Salida de Cadalso de los Vidrios (Madrid).

  Así que después de tomar mi breve desayuno y hacer recuento de mis pertenencias, hacia las cuatro de la madrugada, me encuentro pedaleando por la empedrada calle principal de Cadalsdo de los Vidrios para ir robándole minutos al reloj.

 La noche está totalmente a oscuras, el potente foco del que dispongo y mi GPS son las únicas herramientas de que dispongo para no salirme de la ruta, ya que con esta oscuridad no sirven de nada las indicaciones o flechas que son invisibles a estas horas.

Calle principal de Cadalso de los Vidrios.

      A la salida de la población el GPS me indica que debo tomar un camino cuya entrada se encuentra a mi derecha, después de dar unas vueltas en ese punto me doy por vencido, no veo entrada alguna que vaya por el tras, así que decido realizar este recorrido por asfalto, al final dicho atajo te quitaba una sola curva de carretera para volver a salir al mismo sitio, en esto un coche de la Guardia Civil me avista y como su trabajo ordena, me preguntan a donde voy por lo que yo les comento que voy bien y que las altas horas de la madrugada era para llegar antes al destino, así que la pareja ofrece su ayuda y sin más desaparecen en la oscuridad de la carretera.

    Después de hace un kilómetro escaso por la carretera me meto en un camino a la izquierda que es cuesta abajo pasando por el paraje de la Fuente de la peluquera y ya pasando una pequeña laguna se vuelve a salir a la carretera de nuevo AV-904, solo llevo recorridos tres kilómetros y medio.

Carretera M-542, totalmente a oscuras.


     Después de unos ocho o nueve kilómetros de carretera unos por la carretera M-542 y AV-503, el Track indica que debo coger el camino que se encuentra a mi derecha, así que siguiendo la estela del GPS y lo que se adivina que es el camino, prosigo no sin cuidado, debido a la poca visibilidad no conviene coger velocidad e ir pasito a pasito despacio pedaleando, el camino está casi borrado debido a la tupida vegetación que lo oculta, unos postes indicadores corroboran que voy por el buen camino.

    
Postes indicadores del camino

        De momento el camino está bien, es estrecho pero a estas horas de la madrugada y la oscuridad no dice nada a favor de continuar por el camino, el camino se acerca a la carretera AV-502 pero la mala decisión la tomé en este punto, decidí seguir por el camino a la aventura sin conocer el estado del mismo.

        
Parece que se adivina el camino en la oscuridad.


     Entro en una zona donde el camino se va estrechando poco a poco: primero se convierte en senda y, más adelante, en un auténtico camino de cabras. Llega un punto en el que me veo obligado a dejar la bici cargada con las alforjas y continuar a pie para comprobar si el paso es transitable. Entre piedras y ramas de arbustos confirmo que la senda continúa. Entonces no me queda otra opción que quitar las alforjas: primero paso la bicicleta y después, una a una, las alforjas, para poder superar un paso especialmente estrecho.

        Una vez superado el estrecho paso, parece que por fin llega el momento de subirme a la bici. Aun así, todavía tendré que echar pie a tierra un par de veces más, aunque ya empiezo a ver la luz tras la oscuridad. Salgo entonces al asfalto en dirección a El Tiemblo, pero apenas llevo unos minutos cuando el track me desvía de nuevo hacia otro camino de tierra. Con la experiencia reciente todavía fresca, reviso los mapas por si encuentro alguna alternativa más segura para llegar a Cebreiro, pero no veo ninguna opción clara. Así que no queda otra: me adentro por la Cañada Real, que además coincide con el Camino de Santiago.

Puente de Santa Justa, Camino del Suroeste GR-10.


        El camino coincide con el GR-10 y resulta rápido. Cruzo un arroyo por el puente de Santa Justa y, en ese momento, puedo comprobar la potencia de la fotografía nocturna de mi teléfono. Yo apenas veía nada más allá de lo que alcanzaba a iluminar el foco, pero la fotografía me dejó impresionado: el puente aparecía nítido, con todas sus piedras y detalles, algo que de otra manera, a esas horas, habría sido imposible de apreciar.

    
Fotografía del mismo puente con la iluminación de mi foco.

       Después de hacer algunas pruebas más con la fotografía nocturna, atravieso el puente y enseguida me topo con otro, esta vez sobre el río Alberche la zona resulta bastante húmeda y el murmullo del arroyo al desembocar en el río crea un sonido agradable, casi hipnótico, que acompaña el silencio profundo de la madrugada.

    Con la luna como testigo llego a Cebreros, en la provincia de Ávila, son algo más de las seis de la mañana y llevo 22 kilómetros en dos horas y media, parece que los tiempos se me han ido de la mano,  así que no me lo pienso dos veces y el resto de la ruta la haré por asfalto para atacar los dos puertos importantes de la jornada.

Cebreros en la oscuridad de la noche, (Ávila).
      
    Cebreros se encuentra a 760 metros de altitud y de aquí parte la subida al puerto de Arrebatacapas,  este puerto se divide en dos tramos, la primera parte, de cinco kilómetros, llega hasta el cartel del alto, situado a 1.068 metros, por una carretera típica de montaña con sus características paelleras, la segunda parte continúa otros cinco kilómetros hasta alcanzar la cima del puerto, que se encuentra a 1208 metros de altura.

Vista de Cebreros subiendo el puerto de Arrebatacapas.


        La primera parte del puerto presenta desniveles que varían entre el 4,8 % y el 6 %, alcanzando en algún tramo el 9 %. Tras pasar el cartel del alto, se encuentra un tramo descendente de casi un kilómetro antes de retomar la subida. La segunda parte mantiene pendientes constantes alrededor del 5,2 %, con un máximo del 9,5 %, e incluye un pequeño descenso a mitad de tramo, el paisaje según bamos cogiendo altura va cambiando de cierta vegetación con arboles dispersos hasta que éstos últimos desaparecen.

Mi compañera de viaje en el cartel del puerto.

        
Subiendo el puerto de Arrebatacapas por la típica carretera de montaña.

        Una vez alcanzada la primera cima, la ruta me regala el descenso el asfalto, en perfecto estado, invita a soltar las piernas y dejar que la bici se deslice, la gravedad me ayuda y la velocidad aumenta, el viento golpea el rostro y el paisaje se desliza a toda prisa, De esta manera paso por San Bartolomé de los Pinares y sin detenerme sigo mi descenso dejando atrás el esfuerzo de la subida.

Descenso por la carretera de montaña.

        Ocho kilómetros después de finalizar el descenso comienza el segundo puerto de la etapa. En cuanto afronto las primeras rampas, parece que a la bici le han añadido peso de golpe: se queda clavada, reacia a avanzar, castigada por la dureza del desnivel.

        Al igual que el anterior, el puerto tiene 8,6 kilómetros, pero esta vez no concede tregua. La pendiente media ronda el 5 %, con tramos sostenidos del 7 % y rampas que alcanzan el 9 %. Nada más iniciar la subida, la carretera pasa junto a la pequeña aldea de El Herradón, casi en silencio, como si observara el esfuerzo del ciclista.

        El puerto del Boquerón convierte esta carretera en un lugar ideal para los amantes del ciclismo, exigente y constante, y también en un escenario habitual para la celebración de rallies, donde el trazado y el entorno invitan a exprimir cada curva.

Carretera a la altura de Herradón de los Pinares, (Ávila).

        
Subida del puerto de El Boquerón, Ávila.

       El puerto de El Boquerón arranca justo al terminar el descenso del alto de Arrebatacapas y se convierte en un ascenso continuo por la sierra de Guadarrama. En la cima me encuentro con un ciclista de carretera que está avituallándose; intercambiamos unas palabras y me comenta que ya lo ha hecho todo y que, a partir de ahí, queda un largo descenso de 14 kilómetros hasta Ávila. Me advierte del peligro en las proximidades de una cantera, donde la gravilla suelta, arrastrada por el paso de los camiones, puede jugar una mala pasada.


El Alto de El Boquerón en la sierra del Guadarrama, Ávila.

        Tras respirar hondo el aire serrano y asimilar el esfuerzo, me suelto a descender, atento y concentrado, dejando que la carretera me lleve poco a poco hasta la ciudad de Ávila.

        El descenso se alarga durante kilómetros y, poco a poco, la sierra va quedando atrás. La velocidad exige atención, pero la mente ya empieza a relajarse: el trabajo duro está hecho. Las piernas, cansadas pero satisfechas, giran casi solas mientras la carretera se abre hacia el valle.

A lo lejos aparece la ciudad de Ávila.

        A lo lejos aparece Ávila, con sus murallas recortadas en el horizonte, imponiendo respeto incluso antes de llegar. Tras horas de esfuerzo, puertos encadenados y silencio de montaña, la ciudad se presenta como recompensa final. Entro en ella con la sensación de haber cumplido, con el cuerpo fatigado pero el ánimo intacto, consciente de que estas jornadas son las que se quedan grabadas en la memoria mucho después de que el cansancio haya desaparecido.

Puente Romanillos, por el camino del Levante - Sureste, Ávila.

       Poco antes de las once de la mañana entro en Ávila. La muralla, imponente y silenciosa, sale a mi encuentro como un saludo solemne y definitivo, confirmando que la etapa ha llegado a su término, al menos en lo que al recorrido en bicicleta se refiere.

Mi llegada a Ávila con mi bici y la muralla al fondo.

        
Son las once de la mañana y aún queda mucho día por delante, así que antes de buscar el alojamiento de hoy, aprovecho la bicicleta para dar una vuelta por el interior de la muralla y visitar sus casco antiguo. Desde la bici puedo abarcar todo el recinto histórico sin apenas cansarme, dejándome llevar por las calles empedradas y disfrutando del privilegio de moverme con calma, pero sin prisas, por una ciudad que invita a ser observada despacio.

Plaza del mercado Chico y Ayuntamiento de Ávila.

        Me pierdo entre sus calles, recorriendo todo el casco antiguo, que bien merece un paseo mucho más tranquilo. Sin embargo, hay algo en el ambiente que siento pero no logro comprender del todo, una sensación extraña que dejo pasar y que más adelante acabaré encajando.

Catedral de Ávila.

        Durante el recorrido me llama la atención la cantidad de gente agolpada en las puertas de muchos establecimientos. Al principio pienso que quizá se trate de la inauguración de alguna tienda y que estén esperando a su apertura, pero la escena se repite una y otra vez en distintos locales, despertando aún más mi curiosidad.

        Cuando llego al alojamiento, que se trata del Hostal El Rincón, me encuentro que está cerrado, este local también es restaurante y me asomo por el cristal de la puerta que también esta cerrado y observo que tiene muy poca iluminación, mas bien nula, por lo que la solución a mi intriga está cercana.

La Muralla de Ávila.

       Finalmente, una persona que pasaba por allí, al ver mis intentos de llamar a varios establecimientos, me aclaró la situación: se había producido un corte de energía eléctrica y ya llevaban un buen rato sin suministro. Por ese motivo, el dueño del hostal había pospuesto la apertura, sin saber aún cuándo se restablecería la luz.

        Ante la incertidumbre, me dirigí a un bar cercano que parecía abierto, aunque sumido en la penumbra. Pedí una cerveza y un bocadillo que el camarero ya tenía preparado en la barra. No era el plan inicial, pero en ese momento supo a descanso merecido tras la jornada sobre la bici.

Vista de la muralla de Ávila.

         una vez que se restableció el suministro, todo volvió a la normalidad, ante el extraño silencio volvió el ruido de todas las cosas eléctrica que se encuentran en la ciudad, cámaras frigoríficas, persiana automáticas, ruidos varios, dieron el pistoletazo a una vuelta a la normalidad.

        A la una de la tarde ya tenía la bici en la habitación y con todo preparado para ir a comer, no me fui muy lejos, el mismo Hostal esta dorado en su parte baja de restaurante, así que no le di más vueltas y accedí al salón a saciar mi hambre y de paso a saborear algún plato típico de la zona.

Plato de patatas con torrezno.