Etapa 9: Cadalso de los Vidrios - Ávila.

 12 de Julio de 2025.

Etapa 9: Cadalso de los Vidrios - Ávila.

Distancia: 65 km.
Desnivel acumulado: 1241 m.
Hora de Salida: 3:40 h.
Hora de Llegada: 11:20 h.
Tiempo empleado: 8 horas, (tiempo en Wikiloc).


Puerto de Arrebatacapas en San Bartolomé de Pinares (Ávila).

    Otro día y otra etapa, hoy para variar también madrugo, y es que en estas fechas hay que evitar las horas fuertes del sol, así que en plena noche comienzo la ruta de hoy.

 La primera parte de la etapa me la organizo tomando como referencia la primera población que me encontraré, se trata de Cebreros a una distancia de 25 Km. Dependiendo la hora de llegada a esta localidad tomare la decisión de tomar el camino De Santiago marcado como original o atacaré los puertos por asfalto.

Salida de Cadalso de los Vidrios (Madrid).

  Así que después de tomar mi breve desayuno y hacer recuento de mis pertenencias, hacia las cuatro de la madrugada, me encuentro pedaleando por la empedrada calle principal de Cadalsdo de los Vidrios para ir robándole minutos al reloj.

 La noche está totalmente a oscuras, el potente foco del que dispongo y mi GPS son las únicas herramientas de que dispongo para no salirme de la ruta, ya que con esta oscuridad no sirven de nada las indicaciones o flechas que son invisibles a estas horas.

Calle principal de Cadalso de los Vidrios.

      A la salida de la población el GPS me indica que debo tomar un camino cuya entrada se encuentra a mi derecha, después de dar unas vueltas en ese punto me doy por vencido, no veo entrada alguna que vaya por el tras, así que decido realizar este recorrido por asfalto, al final dicho atajo te quitaba una sola curva de carretera para volver a salir al mismo sitio, en esto un coche de la Guardia Civil me avista y como su trabajo ordena, me preguntan a donde voy por lo que yo les comento que voy bien y que las altas horas de la madrugada era para llegar antes al destino, así que la pareja ofrece su ayuda y sin más desaparecen en la oscuridad de la carretera.

    Después de hace un kilómetro escaso por la carretera me meto en un camino a la izquierda que es cuesta abajo pasando por el paraje de la Fuente de la peluquera y ya pasando una pequeña laguna se vuelve a salir a la carretera de nuevo AV-904, solo llevo recorridos tres kilómetros y medio.

Carretera M-542, totalmente a oscuras.


     Después de unos ocho o nueve kilómetros de carretera unos por la carretera M-542 y AV-503, el Track indica que debo coger el camino que se encuentra a mi derecha, así que siguiendo la estela del GPS y lo que se adivina que es el camino, prosigo no sin cuidado, debido a la poca visibilidad no conviene coger velocidad e ir pasito a pasito despacio pedaleando, el camino está casi borrado debido a la tupida vegetación que lo oculta, unos postes indicadores corroboran que voy por el buen camino.

    
Postes indicadores del camino

        De momento el camino está bien, es estrecho pero a estas horas de la madrugada y la oscuridad no dice nada a favor de continuar por el camino, el camino se acerca a la carretera AV-502 pero la mala decisión la tomé en este punto, decidí seguir por el camino a la aventura sin conocer el estado del mismo.

        
Parece que se adivina el camino en la oscuridad.


     Entro en una zona donde el camino se va estrechando poco a poco: primero se convierte en senda y, más adelante, en un auténtico camino de cabras. Llega un punto en el que me veo obligado a dejar la bici cargada con las alforjas y continuar a pie para comprobar si el paso es transitable. Entre piedras y ramas de arbustos confirmo que la senda continúa. Entonces no me queda otra opción que quitar las alforjas: primero paso la bicicleta y después, una a una, las alforjas, para poder superar un paso especialmente estrecho.

        Una vez superado el estrecho paso, parece que por fin llega el momento de subirme a la bici. Aun así, todavía tendré que echar pie a tierra un par de veces más, aunque ya empiezo a ver la luz tras la oscuridad. Salgo entonces al asfalto en dirección a El Tiemblo, pero apenas llevo unos minutos cuando el track me desvía de nuevo hacia otro camino de tierra. Con la experiencia reciente todavía fresca, reviso los mapas por si encuentro alguna alternativa más segura para llegar a Cebreiro, pero no veo ninguna opción clara. Así que no queda otra: me adentro por la Cañada Real, que además coincide con el Camino de Santiago.

Puente de Santa Justa, Camino del Suroeste GR-10.


        El camino coincide con el GR-10 y resulta rápido. Cruzo un arroyo por el puente de Santa Justa y, en ese momento, puedo comprobar la potencia de la fotografía nocturna de mi teléfono. Yo apenas veía nada más allá de lo que alcanzaba a iluminar el foco, pero la fotografía me dejó impresionado: el puente aparecía nítido, con todas sus piedras y detalles, algo que de otra manera, a esas horas, habría sido imposible de apreciar.

    
Fotografía del mismo puente con la iluminación de mi foco.

       Después de hacer algunas pruebas más con la fotografía nocturna, atravieso el puente y enseguida me topo con otro, esta vez sobre el río Alberche la zona resulta bastante húmeda y el murmullo del arroyo al desembocar en el río crea un sonido agradable, casi hipnótico, que acompaña el silencio profundo de la madrugada.

    Con la luna como testigo llego a Cebreros, en la provincia de Ávila, son algo más de las seis de la mañana y llevo 22 kilómetros en dos horas y media, parece que los tiempos se me han ido de la mano,  así que no me lo pienso dos veces y el resto de la ruta la haré por asfalto para atacar los dos puertos importantes de la jornada.

Cebreros en la oscuridad de la noche, (Ávila).
      
    Cebreros se encuentra a 760 metros de altitud y de aquí parte la subida al puerto de Arrebatacapas,  este puerto se divide en dos tramos, la primera parte, de cinco kilómetros, llega hasta el cartel del alto, situado a 1.068 metros, por una carretera típica de montaña con sus características paelleras, la segunda parte continúa otros cinco kilómetros hasta alcanzar la cima del puerto, que se encuentra a 1208 metros de altura.

Vista de Cebreros subiendo el puerto de Arrebatacapas.


        La primera parte del puerto presenta desniveles que varían entre el 4,8 % y el 6 %, alcanzando en algún tramo el 9 %. Tras pasar el cartel del alto, se encuentra un tramo descendente de casi un kilómetro antes de retomar la subida. La segunda parte mantiene pendientes constantes alrededor del 5,2 %, con un máximo del 9,5 %, e incluye un pequeño descenso a mitad de tramo, el paisaje según bamos cogiendo altura va cambiando de cierta vegetación con arboles dispersos hasta que éstos últimos desaparecen.

Mi compañera de viaje en el cartel del puerto.

        
Subiendo el puerto de Arrebatacapas por la típica carretera de montaña.

        Una vez alcanzada la primera cima, la ruta me regala el descenso el asfalto, en perfecto estado, invita a soltar las piernas y dejar que la bici se deslice, la gravedad me ayuda y la velocidad aumenta, el viento golpea el rostro y el paisaje se desliza a toda prisa, De esta manera paso por San Bartolomé de los Pinares y sin detenerme sigo mi descenso dejando atrás el esfuerzo de la subida.

Descenso por la carretera de montaña.

        Ocho kilómetros después de finalizar el descenso comienza el segundo puerto de la etapa. En cuanto afronto las primeras rampas, parece que a la bici le han añadido peso de golpe: se queda clavada, reacia a avanzar, castigada por la dureza del desnivel.

        Al igual que el anterior, el puerto tiene 8,6 kilómetros, pero esta vez no concede tregua. La pendiente media ronda el 5 %, con tramos sostenidos del 7 % y rampas que alcanzan el 9 %. Nada más iniciar la subida, la carretera pasa junto a la pequeña aldea de El Herradón, casi en silencio, como si observara el esfuerzo del ciclista.

        El puerto del Boquerón convierte esta carretera en un lugar ideal para los amantes del ciclismo, exigente y constante, y también en un escenario habitual para la celebración de rallies, donde el trazado y el entorno invitan a exprimir cada curva.

Carretera a la altura de Herradón de los Pinares, (Ávila).

        
Subida del puerto de El Boquerón, Ávila.

       El puerto de El Boquerón arranca justo al terminar el descenso del alto de Arrebatacapas y se convierte en un ascenso continuo por la sierra de Guadarrama. En la cima me encuentro con un ciclista de carretera que está avituallándose; intercambiamos unas palabras y me comenta que ya lo ha hecho todo y que, a partir de ahí, queda un largo descenso de 14 kilómetros hasta Ávila. Me advierte del peligro en las proximidades de una cantera, donde la gravilla suelta, arrastrada por el paso de los camiones, puede jugar una mala pasada.


El Alto de El Boquerón en la sierra del Guadarrama, Ávila.

        Tras respirar hondo el aire serrano y asimilar el esfuerzo, me suelto a descender, atento y concentrado, dejando que la carretera me lleve poco a poco hasta la ciudad de Ávila.

        El descenso se alarga durante kilómetros y, poco a poco, la sierra va quedando atrás. La velocidad exige atención, pero la mente ya empieza a relajarse: el trabajo duro está hecho. Las piernas, cansadas pero satisfechas, giran casi solas mientras la carretera se abre hacia el valle.

A lo lejos aparece la ciudad de Ávila.

        A lo lejos aparece Ávila, con sus murallas recortadas en el horizonte, imponiendo respeto incluso antes de llegar. Tras horas de esfuerzo, puertos encadenados y silencio de montaña, la ciudad se presenta como recompensa final. Entro en ella con la sensación de haber cumplido, con el cuerpo fatigado pero el ánimo intacto, consciente de que estas jornadas son las que se quedan grabadas en la memoria mucho después de que el cansancio haya desaparecido.

Puente Romanillos, por el camino del Levante - Sureste, Ávila.

       Poco antes de las once de la mañana entro en Ávila. La muralla, imponente y silenciosa, sale a mi encuentro como un saludo solemne y definitivo, confirmando que la etapa ha llegado a su término, al menos en lo que al recorrido en bicicleta se refiere.

Mi llegada a Ávila con mi bici y la muralla al fondo.

        
Son las once de la mañana y aún queda mucho día por delante, así que antes de buscar el alojamiento de hoy, aprovecho la bicicleta para dar una vuelta por el interior de la muralla y visitar sus casco antiguo. Desde la bici puedo abarcar todo el recinto histórico sin apenas cansarme, dejándome llevar por las calles empedradas y disfrutando del privilegio de moverme con calma, pero sin prisas, por una ciudad que invita a ser observada despacio.

Plaza del mercado Chico y Ayuntamiento de Ávila.

        Me pierdo entre sus calles, recorriendo todo el casco antiguo, que bien merece un paseo mucho más tranquilo. Sin embargo, hay algo en el ambiente que siento pero no logro comprender del todo, una sensación extraña que dejo pasar y que más adelante acabaré encajando.

Catedral de Ávila.

        Durante el recorrido me llama la atención la cantidad de gente agolpada en las puertas de muchos establecimientos. Al principio pienso que quizá se trate de la inauguración de alguna tienda y que estén esperando a su apertura, pero la escena se repite una y otra vez en distintos locales, despertando aún más mi curiosidad.

        Cuando llego al alojamiento, que se trata del Hostal El Rincón, me encuentro que está cerrado, este local también es restaurante y me asomo por el cristal de la puerta que también esta cerrado y observo que tiene muy poca iluminación, mas bien nula, por lo que la solución a mi intriga está cercana.

La Muralla de Ávila.

       Finalmente, una persona que pasaba por allí, al ver mis intentos de llamar a varios establecimientos, me aclaró la situación: se había producido un corte de energía eléctrica y ya llevaban un buen rato sin suministro. Por ese motivo, el dueño del hostal había pospuesto la apertura, sin saber aún cuándo se restablecería la luz.

        Ante la incertidumbre, me dirigí a un bar cercano que parecía abierto, aunque sumido en la penumbra. Pedí una cerveza y un bocadillo que el camarero ya tenía preparado en la barra. No era el plan inicial, pero en ese momento supo a descanso merecido tras la jornada sobre la bici.

Vista de la muralla de Ávila.

         una vez que se restableció el suministro, todo volvió a la normalidad, ante el extraño silencio volvió el ruido de todas las cosas eléctrica que se encuentran en la ciudad, cámaras frigoríficas, persiana automáticas, ruidos varios, dieron el pistoletazo a una vuelta a la normalidad.

        A la una de la tarde ya tenía la bici en la habitación y con todo preparado para ir a comer, no me fui muy lejos, el mismo Hostal esta dorado en su parte baja de restaurante, así que no le di más vueltas y accedí al salón a saciar mi hambre y de paso a saborear algún plato típico de la zona.

Plato de patatas con torrezno.




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