Etapa 8: Toledo - Cadalso de los Vidrios (Madrid).

 11 de Julio de 2025.

Etapa 8: Toledo - Cadalso de los Vidrios.

Distancia: 86 km.
Desnivel acumulado: 866 m.
Hora de Salida: 5:00 h.
Hora de Llegada: 1:00 h.
Tiempo empleado: 8:00 horas, (tiempo en Wikiloc).

La Luna y pistachos en la provincia de Toledo.


       La ruta comienza en Toledo alrededor de las 5:00 de la madrugada, cuando la ciudad todavía duerme y el silencio solo se rompe por algún paso lejano o el eco de las ruedas sobre el asfalto de la calle. Salir de Toledo de noche tiene algo especial: la ciudad imperial, cargada de historia, parece aún más misteriosa bajo la luz tenue de las farolas. En medio de la oscuridad, casi sin darnos cuenta, rodeo sin querer la iglesia de Santiago el Mayor buscando la manera de orientarme para salir de la ciudad, la oscuridad y el silencio de la ciudad imponen un ambiente una pizca tenebroso y de soledad.  


Son casi las cinco de la madrugada en Toledo.

       Poco a poco voy abandonando el casco antiguo, atravesando una de sus puertas voy dejando atrás el casco antiguo, cuestas y siglos de historia. La ciudad queda a mi espalda mientras avanzo en paralelo al río Tajo, la tranquilidad y el silencio lo embriaga todo, en la zonas oscuras mi foco es el ilumina el camino a seguir apenas visible en la penumbra. El aire es fresco y agradable, ideal para pedalear, y el silencio de una ciudad dormida me acompaña durante los primeros kilómetros.


       Después de unos pocos kilómetros cruzo por encima de la rotonda la circunvalación CM-40 y, casi de golpe, me adentro de lleno en el mundo rural. Comienzan los caminos de tierra, primero con una subida exigente que nos pone en situación a un lado aparece una cantera, con su maquinaria pesada e iluminada en funcionamiento con su estruendoso ruido trabajando sin descanso en esas horas tempranas. El contraste es fuerte: el sonido metálico de las máquinas frente a la calma del amanecer que está por llegar.

Señales del Camino a seguir en el amanecer.


       Sigo ascendiendo por la pista de tierra mientras el cielo empieza a transformarse, una luna llena, grande y brillante, me acompaña en lo alto, cambiando poco a poco su color blanco por tonos anaranjados conforme avanza la noche y se acerca el amanecer, es uno de esos momentos que justifican salir tan temprano: ver cómo la noche se retira lentamente ante el día.

Pasamos por la finca de Caballos Estiviel.


       Después del ascenso el camino transcurre llano cambiamos de dirección a la altura de un picadero de caballos y el paisaje se abre en campos de cultivo, regados por el río Guadarrama, campos de cultivo con sistemas de riego se intercalan entre campos de pistacho, cada vez más habituales en esta zona, donde se ven claramente los sistemas de riego en funcionamiento. 


        El sol empieza a asomar por el horizonte, tiñendo todo de tonos naranjas y dorados. Mi rodar es ahora por una zona donde los sistemas de riego mantienen los extensos campos de pimientos, con el terreno algo arenoso y algo húmedo por el riego reciente hacen que el suelo esté blando, pero sin llegar a resultar problemático para la bicicleta cargada con alforjas.

Campos de cultivo cerca de los cauces del Tajo y del Guadarrama.

       Me encuentro en el entorno de los campos de regadío del río Guadarrama, una zona fértil y muy trabajada. Más adelante, el paisaje vuelve a cambiar y aparecen grandes campos de cereal, inmensos y amarillentos, que parecen no tener fin, son campos abiertos, donde el viento corre libremente y refuerza la sensación de amplitud.

Puente sobre el rio Guadarrama.

       Poco antes de llegar a Rielves, un gran pino aislado se convierte en una especie de señal natural, indicándome que voy por el buen camino a las 8:00 de la mañana y tras recorrer unos 25 kilómetros, pedaleando entro en el pueblo de Rielves que nos recibe con tranquilidad, hago una pequeña parada a la altura del ayuntamiento y la iglesia de Santiago, edificios sencillos pero representativos del carácter de la zona.

Ayuntamiento de Rielves (Toledo).

       A la salida del pueblo hay varias indicaciones de las distintas rutas que pasan por estos lugares, la mía es la del Camino del Suroeste, con comodidad sigo pedaleando por caminos rodeados de amarillentos campos de cereal ya cosechados. El viento aquí sopla con fuerza, aunque el motor de la bicicleta ayuda a contrarrestarlo y mantener un ritmo constante. En los campos se van intercalando los almendros dispersos y a lo lejos grandes tractores realizando labores agrícolas, recordándonos que estamos en una tierra profundamente ligada al trabajo del campo.

Señalización entre las localidades de Rielves y Huecas.

       A los 32 Km entro a la población de Huecas el punto más llamativo es la gran escalinata de la iglesia de San Juan Bautista, que domina el entorno, aquí me detengo para hacer alguna foto y para comer un poquito para reponer las fuerzas, una barrita de cereal para comer, me detengo también en algún monumento con el escudo de la localidad. Saliendo de Huecas a nuestro alrededor vuelven a aparecer extensos campos de pistachos, que dan identidad a esta comarca.


Mi Bicicleta con alforjas en la localidad de Huecas (Toledo).

       El cielo ya está esta completamente azul, limpio y con el sol instalado definitivamente en lo alto. En el camino alternan campos verdes con otros amarillos, aunque este último color domina claramente el paisaje, el camino de tierra se convierte en asfalto flanqueado por árboles a ambos lados, lo que se agradece por la sombra.


Campos ahora amarillentos entre Huecas y Novés.

       A unos 40 kilómetros de Toledo se llega a Novés, son alrededor de las nueve y veinte de la mañana, atravieso la población y al salir vuelvo al camino con el entorno algo más variado donde aparecen almendros, olivos, zonas de calizo y  pinos, aunque el arbolado sigue siendo bastante disperso.

       Dentro de una finca privada divisamos el castillo de San Silvestre, una construcción que destaca en medio del paisaje agrícola, recordando tiempos pasados de control del territorio, sigo por caminos de tierra en buen estado, donde vemos tractores aparcados junto a los cultivos, posiblemente preparándose para los trabájanos de recolección de patatas u otros tubérculos de la zona.

Dentro de una finca privada se divisa el castillo de San Silvestre.

        Tras 50 kilómetros,  se alcanza Quismondo, en donde hago una parada en la plaza del ayuntamiento, donde destaca la torre del reloj, punto central de la vida del pueblo y tras la breve parada, retomo la marcha por un camino que se cierra un poco por la invasión en algunos tramos por los campos de cereal existente a sus lados, aunque pronto vuelve a abrirse y se convierte en asfalto.

Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora en Quismondo, (Toledo).


        Llegando a Escalona tenemos que pasar por un puente con semáforo que da paso alternativo a los automóviles, esperando el verde del semáforo de esta manera pasamos el rio Alberch para entrar en la parte alta de Escalona. La parte por la que subo es un cuestión muy exigente, suerte del motor de la bici que hace bien su labor. De esta manera se llega a la parte alta de la ciudad desde el mirador se contempla el río Alberche, su zona de baño y el entorno natural que rodea la localidad. Estoy situado en las ruinas del Castillo de Escalona, imponente, dominando el paisaje. En esta localidad aprovecho para parar y comer un pequeño bocadillo, para coger fuerzas para continuar con la ruta, el calor empieza a notarse aunque en realidad el termómetro marca 25ºC.

Puente de entrada a la localidad de Escalona (Toledo).

        En Escalona me planteo cuál es la mejor forma de llegar Cadalso de los Vidrios, destino final de la ruta de hoy situado a 86 kilómetros de Toledo. Preguntando me recomiendan seguir por carreteras secundarias pasando por Almorox, opción que finalmente tomo.


El casillo de Escalona y mirador hacia el rio Alberche.

       A la salida de Escalona recorro un ciclocarril de unos 2 o 3 kilómetros, antes de continuar hacia Paredes de Escalona. El sol ya aprieta con fuerza calor empieza a notarse. Sigo por asfalto hasta Almorox, donde me cruzo con otro ciclista eléctrico, que amablemente me confirma el camino a seguir.

Paso por Almorox (Toledo).

       En Almorox, ya con 71 kilómetros acumulados, giro a la izquierda para tomar carreteras secundarias y que al principio es una pendiente descendente para volver a subir, estoy todavía en la provincia de Toledo.


Desde Almorox el camino trancurre por asfalto de la TO-1560.

      Cuando llego al alto, un cartel indica la entrada a la provincia de Madrid, que me llevan a dejar atrás la provincia de Toledo y entrar en la Comunidad de Madrid. El terreno sigue siendo exigente, pero la cercanía del final anima a seguir pedaleando.

Cartel indicador de la entrada a la provincia de Madrid.

        Ya estoy en la comunidad de Madrid, pero todavía quedan unos 8 kilómetros y en pendiente hacia arriba, lo que hace que el motor de mi bici haga buna parte del trabajo.

Carretera en la provincia de Madrid hacia Cadalso de los Vidrios.

     Finalmente, tras 86 kilómetros, llego a Cadalso de los Vidrios alrededor de las dos y media de la tarde.

       Lo primero que hago es buscar el alojamiento, se trata del Hostel San Jose, me recibe la recepcionista muy amablemente, me dispongo a asearme y a prepararme para ir a comer, mi objetivo es encontrar el Restaurante Casa Moncho, sitio que había sido el lugar que el ciclista de Almorox me recomendó, la verdad que un sitio donde se come muy bien.

Ayuntamiento de Cadalso de los Vidrios (Madrid).


       Por la tarde fui a hacer la compra para la cena y para el desayuno del día siguiente, y así completo otro día en la ruta por el Camino del Suroeste.

       Así termina la ruta de hoy: una jornada larga, variada y muy completa, atravesando campos infinitos, pueblos con historia y paisajes que cambian con cada tramo del camino, desde la oscuridad de la madrugada toledana hasta la sierra madrileña.


        Cadalso de los Vidrios:

        Es un municipio situado en el suroeste de la Comunidad de Madrid, cerca de la Sierra de Gredos y de la provincia de Toledo. Está rodeado de naturaleza, con montes y embalses cercanos, lo que lo hace un lugar tranquilo y atractivo para el senderismo y las actividades al aire libre.

        El pueblo tiene un origen antiguo y un patrimonio interesante, como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y restos históricos vinculados a su pasado medieval. Tradicionalmente fue conocido por la fabricación de vidrio —de ahí su nombre—, aunque hoy en día combina la vida rural con el turismo y las segundas residencias.

        Es un lugar pequeño y acogedor, donde se conservan muchas tradiciones locales y un ritmo de vida calmado.



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