Etapa 4: Fuente Álamo - Albacete.

  7 de agosto de 2024.

Etapa 4: Fuente Álamo - Albacete.

Distancia: 68,01 km
Desnivel acumulado: 573 m
Hora de Salida: 6:16 h.
Hora de Llegada: 11:54 h.
Tiempo empleado: 5 horas 39 minutos, (tiempo en Wikiloc).


Castillo de Chinchilla de Monte Aragón.

        Cinco de la mañana, no le doy tiempo a que suene el despertador; creo que ya estoy acostumbrado a estos madrugones. Por este motivo también me acuesto sobre las diez de la noche, porque dormir hay que dormir.

      Me tomo la leche con la bollería que compré ayer en la tienda y, de esta manera, voy desperezándome poco a poco. Una vez terminado, llega el momento de montar los aparejos electrónicos en la bici: la batería, el móvil con el GPS y las luces recién cargadas. Después, recojo las alforjas, cierro la habitación y saco la bici.


La Salida como siempre de madrugada.

        Son las seis y cuarto de la mañana y la oscuridad de la noche se ve interrumpida por el bullicio de unos cazadores y sus perros, que terminan de disfrutar de sus tentempiés antes de dirigirse a las zonas de caza en sus ruidosos todoterrenos. La salida es por el cementerio de la localidad. La noche es tan oscura que, al alejarme de las farolas, solo la luz de mi foco me acompaña, iluminando lo poco que puedo ver en la penumbra del camino.

        Después de pasar por debajo de la circunvalación CM-412, me encuentro ya inmerso en el Camino de Santiago del Suroeste. Aún estoy rodeado de oscuridad, pero poco a poco el cielo comienza a teñirse de un tono anaranjado, anunciando la proximidad del amanecer.    
 

Empieza a amanecer en la provincia de Albacete.

        Son las seis y media de la mañana y el anaranjado del amanecer se va transformando lentamente en un cielo azul, claro y despejado. Hoy se avecina otro día caluroso, por eso he decidido salir temprano. Después del mediodía resulta imposible pedalear; cuanto antes se salga, mejor se aprovechan las horas de menor intensidad solar.

Indicaciones de PR, pequeño recorrido y flechas amarillas.

        El camino es bueno y, ya con la luz del día, se distinguen detalles que antes no eran visibles, los postes con indicaciones de pequeños recorridos aparecen en los cruces junto a las flechas amarillas que confirman el rumbo correcto.

        Paso por una zona llamada El Cepero, un conjunto de casas casi en ruinas, antiguos corrales o casas de aperos, continúo a una velocidad constante, casi sin usar el motor de la e-bike, ya que la orografía lo permite.

        El terreno está salpicado de almendros, olivos dispersos y campos de secano. Poco a poco el camino comienza a inclinarse, ganando algo de altitud, aunque sin excesos, esta variación da paso a pequeños pinares. A lo largo del recorrido atravieso los parques eólicos de La Muela y Cerro Collado. Desde Fuente Álamo hasta este punto he ganado 221 metros de altitud; no parece mucho, pero en el perfil de la etapa se aprecia claramente. comparado con el terreno de mi lugar de origen, estos desniveles resultan bastante llevaderos.

Parque eólico de Cerro Collado.


        Una vez alcanzada la parte más alta, comienza el descenso siguiendo el Camino del Suroeste. Aquí encuentro el primer mojón con la concha, señalizando el Camino de Santiago, siempre es reconfortante reencontrarse con estas indicaciones.

        Tras un par de curvas, me espera una larga recta de unos cinco kilómetros, el camino está en buenas condiciones, aunque con algo de tierra suelta en la superficie, como si hubiera sido nivelado recientemente.

Mojón  con la concha indicando el Camino de Santiago.

Larga recta del camino hasta Pétrola (Albacete).


         Al final de esta recta me cruzo con otro ciclista que también ha salido temprano para disfrutar de este deporte que tanto nos gusta. Llego a Pétrola a las ocho y media de la mañana, con 21 kilómetros recorridos. A esta hora es raro encontrar a alguien por las calles, aunque veo varias personas haciendo fila frente a la panadería.

        En la plaza me encuentro con la iglesia de San Bernabé y, en un rincón, un cartel con varias rutas de la zona, incluida la de la Laguna Salada. Aún es temprano, así que decido desviarme para rodearla.

Plaza de Pétrola y la Iglesia de San Bernabé.

        Rodeo la laguna por un camino perimetral. Apenas queda agua; en los meses de verano suele quedarse casi seca, aunque se aprecia claramente el color blanco de la sal. Según indican los carteles, el lugar es un paraíso para las aves y tiene una gran importancia ecológica.

Panorámica de la Laguna salada de Pétrola.

        De regreso al camino, en uno de los cruces recuerdo que sigo en el Camino de Santiago. El firme está algo más deteriorado, pero sigue siendo reconocible al discurrir paralelo al tendido eléctrico. Se suceden campos de viñedos con almendros y encinas, y el avance es rápido al no existir apenas desnivel.

        Las indicaciones me llevan a la carretera local CM-3211, que recorro durante unos cuatro kilómetros. Estoy en el kilómetro 40 y son las diez menos diez de la mañana.

Castillo de Chinchilla de Montearagón.

       Paso junto a alguna señal de la Cañada Real y debo estar atento para no pasar por alto las indicaciones. A lo lejos se impone el castillo de Chinchilla de Montearagón, cada vez más cercano y majestuoso.

        A las diez y media de la mañana ya estoy callejeando por Chinchilla. Paso bajo un arco que parece transportarme al pasado. Sus calles empedradas y edificios medievales confirman la importancia histórica de la localidad. Llego a la Plaza de la Mancha.


Plaza de la Mancha en Chinchilla de Montearagón (Albacete).


        Sigo ascendiendo por sus empinadas calles hasta el castillo. Lo que más me sorprende es la profundidad de su foso y lo bien conservado que se encuentra, al menos exteriormente. Arriba hago varias fotografías del castillo y de las vistas desde la colina, e incluso ayudo a una pareja a hacerse unas fotos.

Puerta de entrada al Castillo.

          Tras un buen rato decido retomar la ruta. Desciendo de nuevo hasta la plaza, cerrando un recorrido circular por las calles del pueblo. Hago una parada para comer un bocadillo y compro algo de fruta en una pequeña tienda. Son algo más de las diez y media y el sol ya empieza a apretar. Quedan 16 kilómetros hasta Albacete, completamente llanos.
           
Vista desde la colina del castillo con Albacete al fondo.


          La salida de Chinchilla es en descenso hacia un polígono industrial, donde me llama la atención una nave repleta de robots industriales, muestra del alto nivel de ingeniería de la zona.

          El recorrido discurre más o menos paralelo a la autovía A-31. Poco antes de entrar en Albacete, tomo la calle San Pedro. Son las doce del mediodía cuando llego al Hotel Europa, donde me alojaré. Como de costumbre, introduzco la dirección en el GPS en modo bicicleta y llego al destino sin problemas.

Hotel Europa en Albacete.

       Tras asearme y lavar la ropa, me dispongo a salir a dar una vuelta por la ciudad, pero recibo una llamada personal que me obliga a regresar con urgencia a Logroño. Sin tiempo para pensar, reviso la forma más rápida de volver y organizo cómo dejar mi bicicleta y pertenencias en consigna en el hotel, a la espera de recogerlas unos días más tarde.

       De esta manera tan repentina tengo que abortar la ruta de este año, que quedará en la memoria para retomarla en un futuro, más o menos lejano.

        Etapa madrugadora entre Fuente Álamo y Albacete, con buen ritmo y escaso desnivel, atravesando campos de secano, parques eólicos y localidades como Pétrola y Chinchilla de Montearagón. Tras visitar su imponente castillo, los últimos kilómetros llanos conducen a Albacete, donde una llamada inesperada obliga a dar por finalizada la ruta antes de lo previsto.

        Así que hasta otra.
 

        

Etapa 3: Cieza - Fuente Álamo.

6 de Agosto de 2024.

Etapa 3: Cieza - Fuente Álamo.

Distancia:70,26 Km.
Desnivel acumulado:858 m.
Hora de Salida: 5:25 h.
Hora de Llegada: 11:17 h.
Tiempo empleado: 5 horas 59 minutos, (tiempo en Wikiloc).


        
Totalmente de noche a la salida de Cieza.

        A las cinco de la mañana me despierto, dando inicio a un nuevo día. Lo primero es un poco de aseo y el desayuno: un café con cruasanes y algo de fruta que compré el día anterior. Al terminar, me pongo la ropa de ciclista y recojo mis pertenencias con rapidez, asegurándome de no olvidar nada mientras lo guardo todo en las alforjas.

Monumento a la Semana Santa.

       Bajo a la calle, dejo las llaves en el buzón y cierro la puerta del portal, consciente de que ya no hay vuelta atrás. Son las cinco y media cuando me dirijo al punto de inicio de la etapa, a pocos metros de aquí, en la plaza de la biblioteca. Allí, una inscripción en grandes letras reza: “Érase una vez…”, un bonito homenaje al inicio de los cuentos infantiles.

        Es plena noche y, al abandonar Cieza, quedo envuelto en la oscuridad. Solo mi potente foco ilumina el camino; sin él, estas salidas nocturnas serían imposibles.

Inicio de la Vía Verde del Chicharra.

        Tras dejar atrás las calles, continúo por una carretera con algo de tráfico, extremando las precauciones, y después atravieso un polígono industrial aún dormido a esas horas. Más adelante entro en un camino asfaltado que serpentea entre casas cuyos muros delimitan sus parcelas. Cuando estas desaparecen, el asfalto también lo hace, dando paso a un sendero de tierra compactada: estoy ya en la Vía Verde del Chicharra, antiguo trazado ferroviario de tiempos pasados.

        Cruzo un puente sin llegar a ver el arroyo que salva y, tras unos tres kilómetros de vía verde, la abandono para continuar por un camino rodeado de campos de cultivo. No logro identificar el tipo de frutales, ya que están vallados y no se distinguen bien.

El perfil de las montañas al amanecer.

        Por el camino encuentro flechas que indican el Camino de Caravaca y la conexión de Cieza con Yecla, los frutales desaparecen y dan paso a extensos viñedos que se extienden a ambos lados del camino.

Señalización del camino de Caravaca y pequeños recorridos.

        Durante un buen tramo no pierdo la señalización: en cada cruce aparece una flecha. Sin embargo, llega un momento en el que dejan de verse. Confiando en el track que preparé en casa, continúo avanzando hasta que me topo con una nave industrial y dos puertas que, en teoría, debía atravesar: una de entrada y otra de salida.

Área de descanso y señalización de la vía.

        Este obstáculo me obliga a buscar una alternativa. Intento evitar la carretera, pero los caminos que aparecen en el mapa acaban desembocando en ella, algo que prefiero no hacer, por lo que retrocedo un poco para intentar retomar el trazado original.

Viñedo con la Sierra Larga al fondo.

       Veo claramente el camino que debo seguir, pero el que estoy utilizando no enlaza con él, sino que discurre en paralelo, separado por un pequeño canal de riego. No me queda otra que coger la bicicleta a pulso, manteniendo una rueda apoyada en el suelo, para poder cruzar el canal. Una vez al otro lado, retomo por fin el track previsto, dirección Jumilla.

        Famosa por sus vinos con Denominación de Origen, Jumilla se sitúa en el Altiplano de la Región de Murcia, donde las tierras del litoral dan paso a las llanuras manchegas.

Plaza de Arriba en Jumilla.

    

Iglesia de Santiago en Jumilla.

       Doy una vuelta alrededor de la iglesia de Santiago, sin muchas expectativas de encontrarla abierta, como así ocurre. Decido continuar y, al llegar al final de la calle, me encuentro con unos escalones que me obligan a bajarme de la bicicleta. El ruido de las calas y el golpeteo de la bici rompen el silencio del lugar, lo que explica la mirada de sorpresa de una vecina, seguramente poco acostumbrada a ver ciclistas por esa calle.

    Salgo de la ciudad dejando atrás el castillo que domina la colina y tomo un camino de tierra hasta enlazar con la carretera RM-403, por la que circulo unos ocho kilómetros hasta llegar a un cruce con varias señales que indican distintos puntos de interés, entre ellos la Cañada Real, por donde continuaré hoy hacia mi destino.

Paneles informativos en La Cañada Real.

               Aunque abandono el asfalto, el camino discurre paralelo a la carretera durante un tramo, hasta que no me queda más remedio que reincorporarme brevemente a ella, esta vez solo durante un kilómetro y medio, después la dejo definitivamente atrás. Llevo ya recorridos 52 kilómetros.

        Un cartel desvencijado y casi ilegible por el paso del tiempo me indica que estoy de nuevo en la Cañada. El camino de tierra está en buen estado y, aunque va ganando altitud de forma progresiva, se rueda rápido. El desnivel total de la etapa es de 858 metros, así que no será una subida especialmente dura.

El asfalto en la Cañada Real de Albacete a Murcia.

        Más adelante, el camino de tierra se transforma en una vía asfaltada, aunque no deja de ser un simple camino rural: una fina capa de asfalto sobre la tierra, pero aun así más cómoda que el terreno anterior.

Cortijo en ruinas en la Cañada Real de Murcia a Albacete.

          En este tramo solitario solo me adelanta un coche antiguo, bien adaptado a este tipo de pistas. De nuevo desaparece el asfalto y continúo por caminos de tierra, salpicados de cruces señalizados con nombres de antiguos o actuales moradores de los cortijos de la zona: Casa del Gaitán, Casa de José, junto a otros ya abandonados y en ruinas.

        El terreno es árido, aunque salpicado de viñedos gracias a las lagunas artificiales que permiten regar estas tierras de secano.

        En el kilómetro 61 me encuentro con un yacimiento arqueológico: los restos de antiguos hornos de yeso, cuyo origen histórico resulta difícil de precisar.

Ancestrales hornos de yeso de Los Llanos.

        Un poco más adelante aparece un área de descanso abrasada por el sol, con varios paneles informativos casi ilegibles y una señal que indica un camino hacia la cima de un cerro flanqueado por molinos de viento. Allí se encuentran las ruinas de la ermita de Los Almendros, visibles desde la distancia, aunque mi ruta la deja a la izquierda.

Ermita de los Almendros, todavía en la provincia de Murcia.

        Ahora toca ascender un poco para cruzar el altiplano que separa las provincias de Murcia y Castilla-La Mancha, donde se ubican los parques eólicos de Los Almendros I y II. Quedan ya poco más de dos kilómetros hasta Fuente Álamo. Miro el reloj y la verdad es que es bastante pronto: son las diez y media de la mañana, cinco horas de ruta que, salvo el fresco del amanecer, han estado marcadas por un sol cegador y un calor sofocante.

        Llegando a Fuente Álamo, sigo por un camino salpicado de pequeños viñedos y olivos. Entro al pueblo por la parte alta hasta llegar a la plaza, donde algunos vecinos están en la terraza de un bar, cómodamente resguardados a la sombra; buena elección.

Iglesia San Dionisio Areopagita, Pl. España, Fuente-Álamo, (Albacete).

        Localizo mi alojamiento, justo en el centro del pueblo. Son las once y veinte de la mañana, llamo al timbre con cierta incertidumbre pensando que quizá la habitación aún no esté lista, y tenga que esperar ahora que el sol empieza a ser sofocante.

        Para mi sorpresa, la misma chica que estaba terminando de preparar la habitación es quien registra mi entrada, esta noche la pasaré en el Hotel de dos estrellas que se llama "Hostal Central", justo en la plaza de España, en el centro de Fuente-Álamo.

        Un buen alojamiento, cuenta con una cocina común con frigorífico, microondas, cafetera y tostadora y todo lo que necesitas para desayunar.

Vista desde eel Hotel de la Plaza de España de Fuente-Álamo, (Albacete).

        Una vez de haberme instalado, con la ropa tendida y yo aseado, me dispongo a comer, me comeré en bocadillo que me hice ayer ya que no he parado a almorzar, así que entro en el bar Rolix, enfrente del Hostal y en el interior me lo como, disfrutando del fresco del aire acondicionado y acompañado de una cerveza bien fría... o quizá dos.

        Hacia las tres de la tarde fui a comer al restaurante "Mesón El Álamo", menú bastante bien y bueno, je je, o será el hambre que se hace al hacer ejercicio moviendo las piernas.

Mandalas haciendo sombra en una calle de Fuente-Álamo.

        Entre la siesta, ver los Juegos Olímpicos, preparar el vídeo y cargar baterías para mañana, la tarde va cayendo. El sol sigue apretando, pero aún me doy un paseo por la localidad y compro algo para preparar la cena y reforzar el desayuno, aunque este esté incluido.

Ayuntamiento de Fuente-Álamo (Albacete).

        Ya al final del día, preparo las alforjas y la ropa de ciclismo para hacer los mínimos movimientos posibles de madrugada antes de abandonar la habitación.

        Un día caluroso, como cabía esperar, y marcado por un pequeño contratiempo antes de llegar a Jumilla, provocado por una nave con una puerta cerrada que me obligó a dar un rodeo innecesario.

        Etapa larga y calurosa entre Cieza y Fuente Álamo, con salida nocturna, viñedos del Altiplano, paso por Jumilla y largos tramos solitarios por la Cañada Real. El amanecer trajo algo de alivio, pero el resto de la jornada estuvo marcada por el sol y el calor hasta alcanzar el destino.

        Un saludo y hasta mañana.





Etapa 2: Murcia - Cieza.

5 de agosto de 2024.

Etapa 2: Murcia - Cieza.

Distancia: 68 Km.
Desnivel acumulado: 573 m.
Hora de Salida: 6:25 h.
Hora de Llegada: 13:10 h.
Tiempo empleado: 5 horas 39 minutos, (tiempo en Wikiloc).


Ruta marcada por el rio Segura.


        Son las cinco de la mañana y me despierto ya con las ganas de comenzar el día, todavía es de noche, así que, después de asearme, desayuno, un café frio con algo de bollería y un poco de fruta.

        Con todo ya colocado en las alforjas, bajo al vestíbulo y me despido del recepcionista del hotel. Con la bicicleta aparcada en la puerta, hago la primera foto del día —o más bien de la noche— y me dirijo a la plaza de la Catedral, muy cercana, que marco como punto de inicio de la etapa de hoy.

Catedral de Murcia.


        La ruta comienza remontando el río Segura por el corredor fluvial que va desde Murcia hasta la Contraparada. Se trata de una especie de carril bici y camino que discurre paralelo al río. En un primer tramo está iluminado por farolas, pero más adelante desaparecen y debo confiar únicamente en la luz de mi potente foco.

Cauce del Rio Segura.

        El desnivel es casi inexistente, si que es en ligera pendiente cuesta arriba pero apenas se nota, me voy alejando de la ciudad y poco a poco las construcciones de la ciudad dan paso a pequeñas huertas.

        El rodar es cómodo y, mientras amanece, continúo por el margen izquierdo del río. En la otra orilla también existe un camino paralelo, y se atraviesan varios puentes que permiten pasar de un lado al otro.

        A los doce kilómetros llego a la Contraparada, una especie de presa que regula el agua destinada a la huerta murciana y que forma un pequeño soto. Lo rodeo siguiendo el camino existente, completando así el circuito alrededor del soto.

Presa de Contraparada en el rio Segura.

       Uno de los puentes que más destaca es el conocido como puente rojo, un antiguo puente ferroviario bien conservado que da acceso a la Vía Verde del Noreste. Cerca de allí se extiende un amplio campo de sandías ya recolectadas, donde solo quedan algunos ejemplares desechados por las máquinas cosechadoras por estar verdes o fuera de su alcance. Parece que algunos han madurado con el tiempo, algo que compruebo al ver alguno abierto, con la pulpa bien roja.


Puente del ferrocarril, hoy vía verde.

        El camino continúa como ciclovía, alternando tramos de tierra y asfalto, hasta que este desaparece por completo y se transforma en un camino de tierra compacta en buen estado.

        No es hasta aproximadamente el kilómetro 36 cuando cruzo el río por un puente, a la altura de una zona de descanso entre los municipios de La Algaida y Archena.

       La travesía por Archena discurre por un parque junto a la ribera del río, desde el puente de hierro hasta las inmediaciones del balneario, pasando junto al museo de Archena.

        Antes de llegar al balneario atravieso una playa fluvial, donde ya hay gente bañándose a pesar de que apenas son las diez de la mañana. El sol y el calor empiezan a notarse, y ganas no me faltaron de unirme a ellos.

Paseo de Archena con un monolito bañado con las aguas termales del Balneario.


       
La ruta pasa por el Balneario de Archena, un complejo termal de más de 200.000 m² situado en el Paraje Natural del Valle de Ricote, junto al río Segura.

Balneario de Archena.


        Dejando atrás el balneario y tras unos cinco kilómetros, llego a la localidad de Villanueva del Río Segura. Son las once de la mañana, una buena hora para reponer fuerzas. Me dirijo a la única tienda del pueblo y aprovecho para comer en la plaza de la iglesia.

Iglesia de la Asunción en Villanueva del Rio Segura.

        
Continúo la ruta saliendo del centro de Villanueva y descendiendo hasta el puente que cruza el río Segura. A poca distancia se encuentra la localidad de Ulea, perteneciente a la comarca del Valle de Ricote.

Vista desde el mirador del Salto de la Novia.


        A la salida de Ulea se encuentra el mirador del Salto de la Novia, que ofrece unas vistas impresionantes. Continúo por una carretera que, en realidad, se asemeja más a un camino asfaltado, ya que no tiene ni la anchura ni el firme de una vía principal.

        Tras cruzar nuevamente el río Segura por un largo puente colgante, circulo por la carretera MU-522 y paso por la localidad de Ojós. Aquí me desvío para visitar el lavadero, recientemente restaurado.

        Al igual que en otros pueblos, este lavadero fue durante generaciones un lugar de encuentro para las mujeres, que acudían a lavar la ropa a mano aprovechando el agua del río.

Recién restaurado lavadero de Ojós.

        Continúo por un camino estrecho hasta reincorporarme a la carretera, que me lleva a la parte alta del cañón formado por la sierra del Salitre y la sierra del Chinte. Comienza entonces un descenso y, llevado por las ganas de disfrutarlo, me paso el cruce que debía tomar, lo que me obliga a retroceder para cruzar la presa que forma el embalse de Ojós.
        
Embalse de Ojós.

        Cruzo la presa y, en la otra orilla, paso por un túnel que da continuidad a una carretera secundaria que bordea el embalse. A la altura de la localidad de Bayna, el trazado abandona el asfalto para acercarse a la orilla del embalse a través de un parque.

Embalse de Ojós.

        Tras esta incursión, la ruta vuelve al asfalto para llegar a la localidad de Blanca. Aquí accedo a un mirador desde el que se contempla todo el embalse y el paisaje que lo rodea, un lugar verdaderamente bucólico y espectacular en pleno corazón del Valle de Ricote.

        Con Blanca a un lado y el embalse del Azud de Ojós al otro, el mirador es uno de los mejores puntos para contemplar ambos lugares.

Vistas desde el mirador Alto de Bayna.

       Después de disfrutar de las vistas, continúo la marcha. En Blanca dejo el asfalto y la ruta discurre por calles estrechas e incluso por algunos escalones. Vuelvo a cruzar el Segura y sigo por un trazado en zigzag rodeado de limoneros.

        Para llegar a Abarán encuentro un problema: el camino se convierte en una senda que, según el mapa, continúa hasta la localidad, pero se pierde a la altura de un caserío en ruinas. Me veo obligado a retroceder y rodear el caserío para retomar la senda al otro lado, aunque su estado es bastante deteriorado.

Tramo complicado en Abarán.

       Una vez superado este tramo, vuelvo a circular cerca de la orilla del río. A la altura de Abarán hay una presa aprovechada como zona de baño y para el descenso en canoa, organizado por alguna empresa de ocio. Me detengo un rato observando cómo bajan por la presa con los participantes a bordo.

Deportes acuáticos en la presa de Abarán.

        En este punto recibo una llamada de la dueña del alojamiento en Cieza, interesándose por mi hora de llegada. No tengo una estimación clara, así que le indico mi ubicación para que calcule ella la distancia restante.

        Quedan unos seis kilómetros hasta Cieza, pero el trazado se estrecha progresivamente hasta convertirse en una senda irregular junto a la orilla del río, que exige precaución.

Senda peligrosa a orillas del Segura, a 6 Km de Cieza.

        A la una y media de la tarde llego al alojamiento, un apartamento turístico llamado La Casa del Sol
Se trata de un piso con varias habitaciones, baño compartido y cocina totalmente equipada, además de terraza, lavadora y secadora para los huéspedes. Todo ello, unido a la amabilidad de la dueña, hace la estancia especialmente agradable.
    
Casa donde me alojé en Cieza.

        Tras indicarme mi habitación, la dueña me recomienda algunos lugares para comer y una excelente heladería. Después de despedirnos, me aseo y pongo una lavadora con la ropa del día, que tiendo en el patio junto a la bicicleta.

Habitación donde me alojé en Cieza.
  
       Con algo más de tiempo, acudo al restaurante recomendado, disfruto de una buena comida y me concedo una siesta reparadora. Por la tarde paseo por Cieza, visitando algunas plazas y avenidas.

Monumento a la agricultura, en Cieza.

        Al tratarse de una ciudad de tamaño considerable, encuentro un supermercado donde me aprovisiono para la cena y el desayuno del día siguiente. Finalmente regreso al alojamiento para preparar el vídeo y tomar algunas notas sobre la etapa.

Monumento a la madre en Cieza.

Plaza de España y plaza de abastos de Cieza.


        Una jornada en la que el río Segura acompaña de principio a fin, convirtiendo el recorrido en una etapa bonita y verde, prácticamente sin desniveles. Un trayecto muy cómodo, ideal para disfrutar del paisaje, que discurre casi por completo por caminos y ciclovías. Solo presenta un par de tramos más complicados: la llegada a Abarán y una senda junto al río antes de Cieza, donde es necesario extremar la precaución.